Sunday, April 3, 2011

La tempera de 12 colores

      Aún no recuerdo exactamente cuando fue que aprendí que con el rojo, el azul y el amarillo se podían hacer todos los colores. Más aún, si le añades blanco o negro estos colores se vuelven más claros o más oscuros. Probablemente fue cerca de los 10 años, pero claramente no fue porque lo descubrí yo, sino porque detrás de mi caja de tempera de 12 colores, salía una explicación de los colores primarios y secundarios.   
    Uno de los primeros cursos que tomé  en mi post grado en Bank street College of education, fue “Art Workshop for teaachers”, una especie de taller de arte para profesores. El objetivo del curso era que aprendiéramos a desarrollar el arte para poder luego enseñarlo a nuestros estudiantes. Aprendí diferentes técnicas, fue fascinante volver a maravillarme con algo que creí no tener ninguna aptitud. Porque habrán de saber que en muchos colegios, por no decir en todos, los estudiantes deben elegir entre música o arte durante la enseñanza media, y en definitiva aquellos que no tenemos ese don, nos vamos a tocar la flauta.   
    Pues bien, la última vez que había tomado un pincel, simplemente no la recordaba,  fue en 8vo básico en uno de mis fallidos intentos por hacer algo “bonito”. Esta vez todo era diferente, la profesora simplemente nos pidió explorar los materiales, tuvimos acceso solo a los colores primarios, más el negro y el blanco. La experiencia fue enriquecedora, la profesora se acercaba y nos hacía notar el tipo de líneas, el tipo de mezclas y nos hablaba en un lenguaje donde los procesos artísticos se hacían presentes.
    Al termino de la clase, ella nos explicó que esta era la misma forma que los niños aprendían a trabajar con tempera en la escuela para niños de Bank Street. Desde los tres años los niños tienen acceso a los colores primarios y un set de trabajo propuesto por  Nancy Smith. La verdad que no entendí los beneficios de este método  hasta que logré ver el trabajo con niños de 4 a 5 años.
Los niños son invitados a explorar los materiales y la motivación es el material mismo. No existe una insistencia de un producto final, sino lo que se busca es, que a través del lenguaje del arte, los niños exploren sus capacidades artísticas. La idea de este método es que sean los mismos niños, los que a través de su pintura muestren que están listos para comenzar a pintar imágenes y por ende ser motivados con tópicos como: mi animal o persona preferida, algún paisaje, etc. Hasta aproximadamente los 6 años, la motivación se la lleva el material, la mezcla de colores, el tamaño de la hoja, etc. Así , cuando ya están preparados para ir hacia una pintura con diseños, tienen en su interior un sinfín de experiencias previas que les permiten expresarse artísticamente.
    En este método no existe lo bonito o lo feo, no existe el me gusta, existe el: “puedo ver cómo mezclaste estos colores en el centro de tu hoja,  arriba o abajo”, “es interesante cómo las líneas se mezclan, cómo las líneas son paralelas a los bordes o verticales entre sí”. Como consecuencia de un trabajo que empieza desde muy temprana edad, los niños a los 12 o 14 años son capaces de trabajar horas en proyectos artísticos y manjar su propio lenguaje. Los profesores al final de cada trabajo deben preguntarle a los niños “Esta es la manera en que quieres tu trabajo?”.
    La mirada de este método a mi parecer, es apuntar al proceso y no al resultado. Vivimos en un mundo donde el producto final parece ser lo que más importa. Enseñémosle a nuestros niños a potenciar los procesos y por sobre todo a valorarlos. Te invito a que pruebes en tu sala de clases esta nueva mirada. Busca qué tipo de lenguaje quieres proyectar en las experiencias artísticas de tus estudiantes. Explora tú los materiales y por sobre todo, no les quite la posibilidad de descubrir cómo se mezclan los colores: utiliza siempre los colores primarios.

Saturday, February 19, 2011

Inclusión o integración

Un sin fin de políticas públicas y una reforma que comenzó hace más de 10 años, intentan darle un nuevo giro a la educación de nuestro país. Se han aumentado los años de escolaridad obligatoria, se pretende que este aumento incluso llegue a la educación Parvularia, podemos encontrar nuevos planes y programas para la educación básica y media, en conclusión, estamos viendo la educación, como sinónimo de progreso social.
De esta manera la educación se comienza a ver como un derecho para todos los niños y niñas, incluso para aquellos niños física o mentalmente impedidos, quienes tienen el derecho (planteado en los derechos del niño) de recibir tratamientos, cuidados y una educación que responda a sus necesidades de manera particular. Así nos encontramos con el nacimiento de un nuevo debate: la integración de niños con necesidades educativas especiales (NEE) al sistema escolar. La nueva reforma nos abre un nuevo camino, para que estos niños se integren en la educación tradicional. Pero ¿qué es lo que realmente buscamos, ubicarlos en el sistema tradicional o incluirlos al sistema tradicional?
En los últimos años la palabra integración se ha utilizado para definir una nueva forma de educación para aquellos niños con NEE. Con el decreto 490 y partir del año 1990, se ha comenzado a normar la incorporación de niños con discapacidad a aulas tradicionales. Esta nueva mirada de requerimiento para aquellos niños, responde a la actual demanda social de terminar con la discriminación y segregación de quien es distinto o especial.
Por una parte nos encontramos con una integración que ubica a niños en clases normales, sin un apoyo profesional diario. También nos podemos encontrar, con centros educativos que ubican a los niños separados completamente, y solo los unen en situaciones espaciales como: recreos, actividades extracurriculares, etc. Sin embargo cuando buscamos definir la palabra integración, nos damos cuenta (según La Real Academia de la Lengua Española) que integrar significa que “algo o alguien pase a ser parte de un todo” (Rae, 2007). Pero ¿Qué sucede cuando ese todo no tiene relación alguna con ese alguien o algo?
Ahora bien, en el plano actual y nacional de la educación de niños con necesidades especiales, nos damos cuenta de que éstos pasan a formar parte de un currículum o programa educativo tradicional, teniendo que ser ellos quienes se adapten a su nueva realidad. Lo más preocupante de esta visión es que la educación en si, vale decir el proceso de enseñanza y aprendizaje no está siendo significativo para ellos, porque la educación no está enfocada en ellos, sino en otros.
Hoy en día sabemos que las personas con discapacidad son continuamente segregadas de nuestra sociedad, si bien poco a poco han podido integrarse, los seguimos etiquetando como distintos. Hemos crecido en infraestructura, pero en real inserción social, estamos muy lejos de lograr que se incluyan en la sociedad. Es por este motivo que la idea de integración no suena tan lejana, sino que más bien, se transforma en una forma de inserción social.
Ahora bien, es necesario darnos cuenta que al integrar de la manera que hoy se está llevando a cabo en nuestro país, se está perdiendo uno de los principios educativos para una educación de calidad más importantes: el estudiante no es el que se debe adaptar a la escuela, sino que la escuela debe adaptarse a los estudiantes. Con esto también se quiere decir que la escuela debe velar por la individualidad del niño, adaptando sus planes y programas a las múltiples necesidades que pudiesen generar sus alumnos. Por ejemplo si llevamos esto al plano de la educación parvularia nos damos cuenta que uno de sus principios pedagógicos propone que “Cada niña y niño, independientemente de la etapa de vida y del nivel de desarrollo en que se encuentre, es un ser único con características, necesidades, intereses y fortalezas que se deben conocer, respetar y considerar efectivamente en toda situación de aprendizaje. Igualmente, se debe tener en cuenta que la singularidad implica que cada niño aprende con estilos y ritmos de aprendizaje propios” (Ministerio de Eduación, 2001).
Es así como se plantea una nueva visión no sólo de la integración de niños con NEE, sino que además, se plantea una nueva visión de la individualidad de TODOS los niños y niñas que debemos educar. Debemos velar por la esencia de que cada niño tiene un algo especial, que lo hace diferente del resto, y es por este motivo que no es él quien se debe integrar a un todo, sino que es ese todo el que debe ser flexible y velar por los intereses y necesidades de cada ser que forme parte de él.
Como se dijo anteriormente, esta nueva forma de mirar la educación, o más específicamente de mirar a los estudiantes, nos da una nueva manera de enfocar la integración. Es preciso que se destaque que ya no sólo buscaremos ubicar a los niños con necesidades educativas especiales, en colegios tradicionales, sino que además buscaremos que su ubicación forme parte de un proceso de enseñanza/aprendizaje que sea significativo para ellos.
Por consiguiente hoy en día el término integración ha ido tomando una nueva mirada. Actualmente se busca una inclusión de los niños con necesidades especiales. La inclusión según Stainback (1999) significa acoger a todos los ciudadanos con los brazos abiertos, en las escuelas y comunidades. Este nuevo término, permite que hablemos de incluir a los niños en la sociedad, de que sean las escuelas quienes se adapten a ellos, donde lo niños no sean segregados ni etiquetados. Entonces, ¿tendrán un nuevo trato en la sociedad?
La inclusión busca que la escuela, en conjunto con la familia y la comunidad, influya de manera positiva en la adaptación del niño en la sociedad, puesto que el tipo de relaciones que se establezcan en estos entornos inmediatos, influirán en sus futuras relaciones sociales. De esta manera los niños desde pequeños, se sentirán parte de su medio, adaptados, integrados y por sobre todo incluidos. No serán niños etiquetados y apuntados por ser diferentes, sino que comprenderemos que tienen algo especial, así como todos los demás.
Es así como la dicotomía de los términos, inclusión e integración, llega a un punto donde el debate de ¿Qué es lo mejor para los niños con necesidades especiales?, comienza a tener sentido. Integrar busca ubicar a aquellos niños que de alguna manera estaban siendo excluidos de nuestra sociedad en escuelas espaciales. En cambio la inclusión busca incluir a los niños en un trabajo que involucre a toda la comunidad, donde el trabajo de adaptación más fuerte, debe recaer en los profesionales a cargo, ya que son ellos quienes tienen que ser capaces de adaptar los currículum y planes educativos.
Muchas veces el tema de la integración ha traído conflictos entre las escuelas tradicionales y especiales, se habla de una poca capacitación del profesorado de las escuelas tradicionales, de la poca preparación para recibirlos y porque no decirlo del rechazo que existe en muchas escuelas por incluir a estos niños. Estamos concientes que por mucho tiempo las escuelas especiales han entregado la educación necesaria y significativa que los niños con necesidades educativas especiales requieren, pero es necesario que comprendan que la nueva mirada de la inclusión y el dejar atrás la mera ubicación de los niños, es un beneficio real para ellos, donde a partir de sus entornos más cercanos, vivenciarán relaciones sociales de calidad con el otro.
Lo importante de esto es darnos cuenta que cada niño, independiente de su condición física o cognitiva necesita este trato especial, y que la discapacidad no debe ser la razón para darnos cuenta, que todo niño tiene derecho a ser tratado como un ser único e irrepetible, y que por ende, tiene necesidades especiales sólo por el hecho de ser persona.
Cada uno de los debates que se generan en torno a la Educación, nos permite situarnos en el camino hacia la calidad, y por consiguiente darnos cuenta que no basta con tener a los niños en el colegio, sino que debemos lograr que además, participen de procesos de enseñanza-aprendizaje significativos.
Debatir sobre estos temas es darnos cuenta que no es sólo un problema del
Ministerio de Educación, sino que de toda la comunidad, de toda la sociedad. Todos y cada uno de nosotros tenemos que velar, porque la educación sea de calidad y sea para TODOS, para lo cual es necesario que abramos nuestros ojos y nos demos cuenta de lo que está realmente está sucediendo. De esta manera debatir o simplemente conversar sobre temas, como por ejemplo la integración, se vuelve significativo no solo para los profesionales de la educación, sino para todos los miembros de la sociedad. Debemos tomar conciencia de que la comunidad donde estamos inmersos es una realidad social que no solo me influye, sino que yo, como persona, influyo en ella y en todos los miembros que la componen. Tomemos conciencia, seamos capaces de generar cambios significativos, comprendamos que no podemos vivir sin pensar en los demás, sin involucrarnos en lo que sucede a nuestro alrededor. Y por último démosle a la educación el lugar que se merece. Los niños son el futuro de la nación, ellos tienen sus derechos y somos nosotros, los adultos, quienes debemos velar por ellos. Cuidemos nuestro tesoro: “La Educación, es Nuestra Riqueza” (eslogan del Ministerio de Educación).